Recursos del corrector de textos (I, II y III)

Entrada en la que explico algunos de los recursos que utilizaba para llevar a cabo mi trabajo como corrector de textos en Vorágine.

Esta entrada se publicó el 11 de diciembre de 2014 en el (extinto) blog de Vorágine, la agencia de marketing de contenidos que cogestioné entre 2010 y 2017 en tres partes; aquí se han unido. 

De vez en cuando algún cliente curioso me pregunta por los principales recursos que utilizo para corregir. La respuesta no es sencilla, puesto que si bien hay una serie de recursos perennes (Ortografía y ortotipografía del español actual, de Martínez de Sousa, el Libro rojo de C&C, Fundéu, el Diccionario panhispánico de dudas, la lista de correo de UniCo…), a menudo, el corrector de textos debe adaptarse al trabajo en cuestión.

En mi caso, por ejemplo, mi labor profesional me ha llevado a un camino intermedio entre la corrección y la redacción (como podéis ver en la página web) y, por esa razón, los encargos que acojo como corrector siempre intentan rehuir una dedicación a tiempo completo. Así, por regla general, me topo con tesis doctorales y otros trabajos académicos, pequeños artículos, páginas web u otros contenidos digitales y, en algunos casos, cuando el interés y el espíritu del corrector profesional conspiran entre sí más de la cuenta, también con algunas novelas y libros de formación.

En otras palabras, ante la pregunta: ¿con qué recursos debería contar el corrector de textos (sea en un trabajo de ortotipografía, o sea de estilo)? Empezaría por lo más básico: en primer lugar, el Diccionario de la lengua española (que puede consultar en formato digital, y ahorrarse líos y pesos pesados en la estantería) y el Diccionario panhispánico de dudas, el cual consulto un cincuenta por ciento más a lo largo de mi jornada laboral, pues es un pilar para evitar cualquier error de carácter ortográfico, léxico o gramatical.

Seguidamente, hay que escoger algún autor de referencia, que para muchos es Martínez de Sousa, y de ahí sustraería tres manuales: la Ortografía y ortotipografía del español actual y el Manual de estilo de la lengua española que, sin consultarlo, perjuraría que está dividido en dos volúmenes. Personalmente, el Diccionario de redacción y estilo me parece fascinante más de veinte años después de su publicación, siendo un recurso fantástico para aquel que se atreve a escribir, y aquel otro que tiene el coraje de cambiar lo que otro dijo en primera instancia; algo que considero un corrector de estilo jamás debe olvidar si quiere hacer bien su trabajo.

Tras todo esto, los artículos de Fundéu dan una pincelada más a los recursos a través de los que yo suelo moverme. Quizá por actualidad, si me preguntáis. Algo que la RAE tiene muy presente pero que no mantiene en igual medida, y a mi modo de ver delega en parte en la Fundación del español urgente que, bajo los mismos principios, da una respuesta más rápida a ciertos problemas de la lengua.

De lo más básico de lo más básico queda cierto material de Cálamo, institución de referencia con una estrecha relación con muchos profesionales que forman parte de UniCo (la Unión de correctores), y ofrecen sus servicios profesionales. En España, a diferencia de otros países que sí tienen titulaciones de corrección profesional, existe conciencia de esto, y muchos de nosotros recurrimos a los compañeros, las listas de correo, y esas curiosas alma máter para solucionar algunas dudas que se nos presentan.

Después, la lista se empieza a extender, por supuesto. Y a mí, entre otros, me encanta el Blog de lengua española del filólogo Alberto Bustos, por sus ejercicios, sus recursos e inclusos sus podcasts, que demuestran lo importante que resulta estar actualizado, tanto en el mundo académico como en el medio profesional. Sin embargo, la abundancia de recursos “oficiales” con los que contamos hace difícil desviarse de los principales puntos de interés.

¿Dónde ocurre esto pues? En mi experiencia, se va más allá de todos estos recursos cuando entramos en un sector concreto —donde se necesitan glosarios específicos, por ejemplo. Esto, que suele ser una estupenda oportunidad para abrirse a otras ramas del conocimiento, requiere una colaboración constante con los propios clientes o con profesionales relacionados. Así pues, al final una de las armas más poderosas del corrector de textos es la comunicación, que es lo que nos permite llevar a cabo nuestra tarea de una forma eficaz,  normativa, coherente y, sobre todo, adaptada al entorno del texto que tenemos entre manos.

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Desde mi experiencia, el trabajo del corrector de textos requiere la consulta constante de obras de referencia, de foros profesionales y de diferentes webs especializadas para resolver dudas que puedan ir surgiendo durante la corrección del texto.

Esto significa, pues, que el corrector debe pausar su trabajo constantemente para hacer estas consultas, con la consecuente pérdida de concentración que ello conlleva. Sin embargo, hay muchísimas herramientas útiles (¡y algunas gratuitas!) que un corrector de textos puede utilizar para que su ritmo de trabajo no se vea excesivamente perjudicado.

Yo, personalmente, suelo utilizar estas herramientas de forma más o menos habitual, ya sea porque me ahorran tiempo en la gestión de los proyectos o porque me permiten trabajar de forma más ordenada:

  • Wordcounter. Sencillo, útil y eficaz: estos son los tres adjetivos que mejor describen esta aplicación. Wordcounter es un contador de palabras y caracteres: solo hay que copiar y pegar el texto en el recuadro y la aplicación irá contando de forma automática a medida que vayamos agregando texto. Y no solo eso: también te dice cuáles son las palabras que utilizas con más frecuencia y con qué densidad. Poco más se puede pedir a una herramienta gratuita, ¿verdad?
  • Stilus. Este sitio web permite corregir textos directamente desde Internet; lo que lo hace tan especial es que incorpora el Diccionario de la RAE, la Nueva ortografía y el Panhispánico de dudas, así como varios manuales de Martínez de Sousa, y basa sus sugerencias de corrección en estas publicaciones. Además, permite instalarlo como complemento en Microsoft Word para poder seguir editando el documento desde el procesador de textos.
  • Evernote. Esta aplicación se está volviendo poco a poco indispensable: no solo te permite almacenar notas y capturas de pantalla (muy útil, por ejemplo, para adjuntar documentación gráfica a las correcciones de un documento) sino que también te permite configurar presentaciones con las notas que has ido creando. Esto es perfecto para presentar un informe de corrección visual y eficaz, por ejemplo. Pero sin duda, el punto fuerte de Evernote es que permite al corrector de textos ordenar todos sus documentos por etiquetas: ¡di adiós a perder archivos!
  • Tomato. Esta herramienta es perfecta para centrar la atención en la lectura y la corrección del texto. Se trata de un cronómetro de 25 minutos, de manera que es mucho más fácil seguir el avance del proyecto y las horas de dedicación al mismo.
  • Apuntes (RedIris). La lista de correo (pública) de Apuntes de RedIRIS, red académica y de investigación española que tiene como fin mantener informada a la comunidad científica y universitaria, tiene como fin el buen uso de la normativa, gramática y el estilo en los medios (promovida por la Fundación del Español Urgente). Este recurso nos lo descubrió Berta Carmona (Ecoescritura) en los comentarios del primer artículo de la serie Recursos del corrector de textos (I).
    Y vosotros, ¿conocéis alguna otra herramienta que sea útil para el corrector de textos?

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Un buen servicio de corrección de textos requiere herramientas de calidad; el corrector pasa gran parte de su jornada entre manuales de consulta y, ante todo, debe asegurarse de que ese material es de calidad y su uso está fundado.

En Recursos del corrector (I) quise plantear un primer acercamiento hacia los cientos de recursos diarios que un corrector debería tener presente: diccionarios, manuales de consulta, blogs, etc. No obstante, estos eran un pequeño avance y una muestra del gran número de medios que utiliza un profesional del lenguaje, y ni mucho menos una lista que pretendía ser completa o cerrada.

La lengua avanza día tras día, y miles o cientos de miles de lingüistas y otros profesionales del lenguaje se nutren de fórmulas muy distintas en su trabajo. Todo ello es muy visible a través de nuevas herramientas informáticas como Stilus o Evernote de las que hablaba en un segundo artículo sobre recursos de corrección (Recursos del corrector (II)), pero también ocurre entre documentación más técnica o especializada que se renueva paulatinamente. Así, otros profesionales han visitado nuestro blog y ampliado esa primitiva lista, y aquí os ofrezco su aportación recopilada deseando que os sea de utilidad.

Ofrecer un buen servicio de corrección: ¿cuándo es necesario el manual de consulta?

Hay obras que están mejor en la mesa de trabajo que en la estantería, pues cada diez minutos nos asalta una duda vital que necesitamos resolver. Eso sí, a veces, esos manuales varían entre sí, y mientras yo tengo una fijación con Martínez de Sousa, los hay que hojean, incansables, ediciones más modernas, o más antiguas, o menos clasistas, o profundamente normativas…

Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (Manuel Seco)

Sobre Manuel Seco Reymundo pesa esta y otra obra capital: su Diccionario del español actual. Ocupa el sillón A de la Real Academia desde el año 80 y sus aportaciones a la lengua española han sido colosales desde principios de la década de los sesenta. El Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española tiene una función básica: resolver todo tipo de problemas que plantea el uso del idioma, mientras que el Diccionario del español actual recoge términos documentados y no documentados en uso.

Diccionario de Uso del Español (DUE), de María Moliner

De oídas sabía de la historia de María Moliner y de su diccionario, quien pudo haber sido la primera mujer en ocupar un sillón en la Academia, pero no. Algunos afirman que por machismo institucional; otros, por su criterio frontalmente contrario en muchos sentidos al de la Real Academia de la Lengua, o por su única obra. En su entrada de Wikipedia puede leerse un fragmento muy esclarecedor sobre su tarea:

Su Diccionario era de definiciones, de sinónimos, de expresiones y frases hechas, y de familias de palabras. Además, anticipó la ordenación de la Ll en la L, y de Ch en la C (criterio que la RAE no seguiría hasta 1994), o términos de uso ya común pero que la RAE no había admitido, como “cibernética”, y agregó una gramática y una sintaxis con numerosos ejemplos. Como ella misma alguna vez afirmó, “El diccionario de la Academia es el diccionario de la autoridad. En el mío no se ha tenido demasiado en cuenta la autoridad“… “Si yo me pongo a pensar qué es mi diccionario me acomete algo de presunción: es un diccionario único en el mundo“.

La edición original publicada en el año 1968 por Gredos fue la única que autorizó Moliner; sin embargo, en 1998 se lanzó una segunda edición en dos tomos y, en 2008, una versión abreviada con la colaboración de Gredos y El País.

Las normas académicas: últimos cambios (Leonardo Gómez Torrego)

Gómez Torrego es doctor en filología románica y colaborador habitual de la Real Academia; su obra recoge los últimos cambios de aplicación inmediata en la normativa académica que, como bien nos señalaban en los comentarios del primer artículo de esta serie, todavía no se han aplicado en los diccionarios en línea de la RAE.

Diccionario ideológico de la lengua española (Julio Casares)

La obra del lexicógrafo y académico Julio Casares permite búsquedas de términos mediante definiciones, convirtiéndose en una herramienta de trabajo poderosísima dividida en tres partes (sinóptica, analógica y alfabética, que se pueden consultar y están claramente definidas en el artículo de Wikipedia dirigido a la obra del autor.

El mismo Casares recogía el interés primario hacia su obra con las siguientes palabras:

[…] poner a disposición del lector, mediante un inventario metódico, no inventado hasta ahora, el inmenso caudal de voces castizas  que, por desconocidas u olvidadas, no nos prestan servicio alguno.

Conclusiones sobre los recursos de corrección aquí reseñados

Para terminar, y por el momento,me limito a lanzar una pregunta al aire: ¿quién recogerá el testigo de Moliner, de Seco o de Sousa? Más allá de la obra institucional de la RAE, el corrector sigue navegando entre dos mares. Por un lado, cientos de recursos nuevos se suceden día a día, por el otro, no hay en el horizonte ni una obra de la magnanimidad y monumentalidad como las citadas en el primero y el último de estos artículos.

¿Recogerá alguien tal testigo? ¿Cuál es vuestra opinión al respecto?

Blogger animalista, escritor y redactor digital. Escribir no es solo juntar una palabra con otra, es una forma de comprender, crear y recrear el mundo.

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