El peligro de la verdadera vocación

¿Por qué es importante rodearse de personas multipotenciales o multidisciplinares? ¿Es alguien que aspira a ser multitarea peor profesional que otro centrado únicamente en un campo de trabajo?

El verano pasado empecé a plantearme seriamente por qué me gustan tantas cosas. ¿Acaso yo no tengo una verdadera vocación? (¿Existe la verdadera vocación?) ¿Puede uno tener muchas vocaciones o, como suelen decir los padres, hay que encontrar un camino que recorrer? Pero ¿solo hay un camino correcto? Uf. Eran muchas preguntas para un tipo de treinta y dos años, ¿no? ¿O todo lo contrario? ¿Nos hacemos más y más preguntas a medida que envejecemos? No sé, pero podríamos estar así hasta el infinito.

Hace un año, yo no conocía el concepto multipotencialidad —que me resulta bastante pedante, por cierto, y que voy a llamar multitarea o multidisciplinariedad— ni sabía por qué iba a ser importante para afrontar mi trabajo con una actitud muy distinta. Un día cualquiera, seguiría siendo agosto, conduje hasta casa: volvía de Barcelona. Abrí la reja del jardín, aparqué mi viejo Jeep en la calle, subí la rampa que da al garaje y encajé los pies contra otras escaleras que suben hasta la vivienda —es lo que tienen las casas que construimos en la montaña, que tienen muchas escaleras. Como cada vez que me voy y vuelvo, me saludaron los doscientos bichos con los que convivimos, eso ya no sorprende, en cambio me llamó la atención una voz en inglés en el despacho. Se estaba reproduciendo una charla TED en YouTube. El título era Why Some of Us Don’t Have One True Calling [¿Por qué algunos de nosotros no tenemos una verdadera vocación?]. La puse desde el principio y me senté a verla. ¿Sabes por qué me despertó tantísima curiosidad? Porque siempre había creído que a mi mujer, Laura, le pasa exactamente eso: tiene un montón de habilidades (dibuja, pinta, escribe, ha estudiado arqueología, marketing, diseño gráfico, humanidades), pero nunca se ha especializado en ninguna de esas áreas. A ella, esa charla le venía que ni al pelo: ¿la habría visto?

Si uno se para a pensarlo, hay una gran tendencia a considerar que el profesional tiene verdadera vocación y que esa vocación es única e inalterable.

Algunas de las ideas que se sucedían en esta charla de poco más de diez minutos eran las siguientes: cómo el concepto ¿qué quieres ser de mayor? se repite hasta quitarnos el sueño y ya no inspira a soñar; cómo a las personas multidisciplinares les cuesta convertir esta característica en una profesión y por qué se sienten diferentes o raros debido a la influencia de la cultura; solo por estos tres puntos creo que vale la pena que todo el mundo vea esa charla TEDx. Tomé algunas notas en una libreta para convencerla de que tenía que verla (a Laura ya me la conozco yo, y cuando más falta hace, más cuesta despertarle el interés) y me di cuenta de otra cosa. Quizá a mí también me cogía el síndrome este del multitarea (multipotencialidad, como dije). Durante años, había tomado la decisión de mantener separadas distintas facetas de mi vida profesional y personal: el blog literario con columnas de opinión y artículos 100 % off-topic, mis aportaciones como escritor o columnista en prensa, la vieja página de empresa sobre marketing digital y copywriting, mi labor como voluntario en una asociación animalista y social y, de nuevo,  todo lo anterior, separado de mi interés por los perros y la educación canina. Mi pretexto había sido siempre no mezclar churras con merinas.  Pero, ¿por qué? Si uno se para a pensarlo, hay una gran tendencia a considerar que el profesional tiene verdadera vocación y que esa vocación es única e inalterable. Imagino que, algo así, siempre ha sido falso, pero hoy es una reminiscencia de un mundo que ya no existe: el del trabajo de toda la vida, de padres a hijos, de seguridad y hombre de empresa. Eso tiene su parte mala, por descontado, y también su parte buena, ¿o no? Aunque no se ha impuesto todavía, cada día es más común encontrarse con profesionales que son abogados y veterinarios, biólogos y bomberos, psicoterapeutas y lutieres, escritores y educadores caninos. ¿Qué tiene de raro?

No hace mucho —un par de semanas— tuve un Skype con una particular que necesitaba varios cientos de copies para un eCommerce. Ese contacto, sin saberlo, me hizo plantear este artículo. ¿Sabes por qué? Todo parecía encajar en aquel proyecto: tanto yo como Laura teníamos experiencia en ese sector, los proyectos anteriores del mismo estilo despegaron con gran éxito y había un buen feeling entre las partes. Sin embargo, el proyecto se quedó en el limbo: de la primera reunión pasamos a una segunda y, de ahí, antes de desestimar el trabajo, fijamos una reunión más (tampoco me gusta mucho insistir más de la cuenta, ni a clientes ni a colaboradores) y me lo confesó:

He visto que tenéis un perfil un poco etéreo —creo que quiso decir heterogéneo, o eso espero—. Tú trabajas de copywriter, pero tienes otros dos negocios; Laura también, y claro, no tengo la seguridad de que vais a poder aportar el tiempo de trabajo que necesita mi proyecto.

Es curioso: ella estaba convencida de que nuestros perfiles eran los adecuados y lo único que no le encajaba a esa posible clienta era que, como trabajadores, llevásemos a cabo otros trabajos. Se lo planteé así, porque existen los mismos grados de separación entre escribir fichas de productos para vender ropa y un catálogo para una exposición científica que publicar un libro de ensayos y educar a un perro. En realidad, y siempre desde mi punto de vista, es un problema social: en algunos casos esto es grave, como con el modelo de «membresía» de la empresa japonesa y, en otros, se observa en los planes de estudio, como en el mundo académico estadounidense. Sea como sea, en el siglo veintiuno no hay dos materias que se separen tanto como para no encontrar una conexión: yo disfruto muchísimo de los proyectos de redacción centrados en el mundo animal, la psicología o las humanidades; a Laura le pasa algo similar con Japón, la fotografía o la ilustración. Por descontado, un redactor profesional tendrá que documentarse de mil temas que desconoce, o especializarse en alguno de ellos, no cabe otra; sin embargo, lo que, para nosotros, no tiene mucho sentido es creer que un profesional multitarea no puede ser tan profesional como aquel que solo tiene un único interés: aquello que resulta atractivo de un profesional, o una persona, multidisciplinar es su capacidad para afrontar retos en áreas que están fuera de su zona de confort. Una persona multitarea está mucho más habituada a adaptarse, a no tener “miedo” a la novedad, a fusionar diferentes campos. Darle vueltas a todo lo anterior me permitió dejar de pensar en arquetipos en vez de en personas y optar por una visión más transversal y, así, trabajo hoy: acogiendo proyectos que valoran mi recorrido y esa multidisciplinareidad y comprendiendo que los redactores especializados en un sector también tienen que comer cada día.


Fotografía: Por un puñado de dólares (Sergio Leone, 1964)

En agosto de 2018 también recopilé unas cuantas charlas TED y TEDx que me inspiraron. Las podéis consultar en este enlaceDoblando tentáculos, mi blog personal.

Blogger animalista, escritor y redactor digital. Escribir no es solo juntar una palabra con otra, es una forma de comprender, crear y recrear el mundo.

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