Esta semana, voy a escribir sobre algo un poco distinto a mi(s) principal(es) actividad(es). No voy a hablar de perros, ni bienestar animal, ni contenidos. O sí, pero no. Porque las IAs (inteligencias artificiales), las redes sociales y la ética tienen que ver con todo lo anterior. Vale, te compro que desde una visión o forma transversal, pero tienen que ver también con el sector.

Y mucho.

Leía una breve publicación en LinkedIn, en la que se afirmaba lo siguiente:

¿Tenéis claro que todas las cuentas de Instagram que rellenen el cuestionario para que Meta NO use su contenido para entrenar su IA van a tener (aún) menos alcance, no?

Ética aplicada - Meta no es tu amigo

Lección #1 sobre ética aplicada: «Meta no es tu amigo»

Por descontado, Meta (y lo que no es Meta) ya han usado todo tu contenido para entrenar IAs, pero no te lo van a decir así.

Te pedirán permiso o, mejor dicho, sacarán partido al pedir perdón antes que pedir permiso; porque así va el mundo.

La legislación llega más tarde que la robótica y la inteligencia artificial. La ética aplicada queda a rebufo de la tecnología, y del dinero (la passssssta).

No pude resistirme, y comenté (en la publicación que os digo):

Se ve clarinete. Te regalan la cocina para que uses esas sartenes; no hay sartenes, no hay cocina. (Con el punto clave extra, de que te están pidiendo permiso, como comentas, para algo que ya han utilizado.) […] El tema de la IA nos pillará a medio vestir siempre, porque la ética y la legislación van por detrás de la tecnología, y ningún organismo se ha puesto las pilas (o no le ha interesado). Y suma y sigue con automatización, robótica…

Hoy, abro La Vanguardia (es un decir, porque la leo en digital) y me encuentro con el siguiente titular:

Expertos en bioética alertan sobre la selección genética de embriones. Califican a ciertos servicios de reproducción asistida de práctica eugenésica encubierta. Exigen limitar el cribado genético a casos de enfermedad hereditaria severa.

Ética aplicada - RRSS

Lección #2: usar RRSS, nunca fue un derecho

Venga, colega (perdona las confianzas). Seamos serios: nadie regala nada.

Usar redes sociales no fue nunca un derecho y, cada vez está más claro, que quizá tampoco un privilegio. En cualquier caso, a las redes sociales le pasa como al propio concepto de libertad (estoy acabando un libro de Erich Fromm sobre el tema), que se topó con algo curioso. El capitalismo trajo consigo una libertad mayor, y un desarraigo, una dificultad de encontrar un nuevo sitio en tu mundo, y muchas piedras en el camino.

Con las redes sociales, quizá creíamos que era solo la cara A, pero no vimos la cara B. Explico esto, porque ahora hay muchísima gente tratando de que Meta no use sus datos, y quizá no se hayan planteado seriamente la imposibilidad de ese planteamiento.

¿Cómo vas a salirte del juego sin renunciar a los regalos y servicios «gratuitos» que te concendió la iniciativa privada?

No puedes, porque no tienes la sartén por el mango, ni eres una multinacional tochísima. Entonces, quizá podrías intentar ir contra el mercado. (Pero ¿para qué ibas a ir contra el mercado si eres el viejo tiburón de Succession)

Ética aplicada - Mercado y estructura

Lección #3: ¿ir contra el mercado…? ¿Hablas en serio?

Cuando te pones a estudiar sobre ética aplicada, a la robótica, a la inteligencia artificial (aquí te empieza a dar miedito soñar con inteligencia general artificial, como la casa que se enamoraba de Marge Simpson); a la tecnología, en general. Te das cuenta de que la Unión Europea, que tiene comités para todo, prefiere dedicar más tiempo a mirar en otra dirección, y… silbar un rato.

La legislación, y la ética aplicada, que debería llegar antes que la aplicación de avances científico-técnicos, siempre llega después. Mucho después.

El individuo, por su parte, y acabo aquí (que esto está quedando muy cajón de sastre), debe enfrentar una durísima decisión: tratar de defender su libertad de elección en un mercado que apenas lo permite (otro día, hablamos sobre capitalismo, estructuras de libre mercado, y del libro albedrío ilusorio) o rendirse a la evidencia.

Hoy, estamos ahí, y ocurre un poco como con el cambio climático: podemos frenar su avance, podemos tratar de organizarnos contra lo que está por venir, pero no podemos defender con uñas y dientes el derecho a disfrutar del statu quo y sus redes sociales y, a la vez, creer que la tecnología mainstream se basa en modelos open-sourceapps que plantan arbolitos y ayudan a los países en vías de desarrollo.