Hoy, por suerte o por desgracia, si eres educador canino, eres «educador canino influencer». ¿Qué quiero decir? Pues que (de algún modo) tienes que venderte en redes sociales.

Espera, que te veo venir. Me vas a decir: no solo pasa en la educación canina.

Te lo compro.

Esta dinámica de volverte un referente, está en todas partes. Debe hacerlo el copywriter, el de marketing, el educador canino, y todo quisqui, la verdad.

Esto, en la orilla del profesional.

Por descontado, hay profesiones más susceptibles de caer en la vorágine de crear reels, shorts y tiktoks, obtener relevancia y buscar interacciones. No solo depende de tu interés o proyección , sino también de tu negocio. A priori, alguien que trabaja con perros peligrosos es más «visual» que un etólogo que ayuda a gatetes con ansiedad. Poco tiene que ver el que vende formaciones en línea, con la residencia canina o el profesional que busca un negocio de autoempleo.

En la otra orilla, cada vez hay más gente llegando a conclusiones similares: amigas saturadas de redes sociales; la obligación del algoritmo. Vamos, intentar destacar en espacios atestados de información…

Ayer, por ejemplo, leía la opinión de Amanda Romero, directora de Veganuary, en su cuenta de Instagram. A grandes rasgos, está harta de que se viralice contenido fake y controvertido (1) por encima del que, en teoría, nos resulta interesante, así como esta moral de la autoexigencia (o algo así), que diría Byung Chul-Han.

La autoexplotación del hombre (2). Tema interesante, y peliagudo.

Ella, Amanda, denunciaba la dificultad de saber quién es quién, como el juego de mesa, en un espacio en el que se entremezclan mensajes clicbait, humo y gente muy válida; dinámicas complejas de polarización y radicalización. Concluía que su trabajo principal no son las redes (¿vamos de camino de vuelta a lo analógico?, no creo, pero sí pinta que va a cambiar la dirección del viento) y que está harta de luchar contra gigantes.

Educador canino influencer (algoritmo, jefe)

De nuevo, el algoritmo: tu jefe

Si me preguntas, todo parece indicar que, igual que funcionan mejor las cuentas enfocadas a un nicho (perros, derechos animales, fontanería), también ocurre con aquellas que pueden monetizarse más fácilmente. Esto vuelve a ser hacerse trampas al solitario, porque no es más que otra forma de decir que a más tiempo invertido, mejores resultados.

En teoría, no tiene por qué ocurrir: crear mucho contenido, no hace que estés ahí, bien arriba; sin embargo, sí es condición sine qua non para estar. Esto lo ha entendido mucha gente en marketing, y en el sector canino (los dos palos que más he tocado estos años), que ha visto en las redes uno de los principales escaparates para posicionarse: lo que antes era el SEO (que sigue vivo, claro) o el SEM (que vale, sí, está mejor segmentando y es menos matar moscas a cañonazos, pero a mí ya no me parece para cualquier bolsillo).

Hemos asistido a un fenómeno extraño: el influencer y la profesión, que no es lo mismo que el influencer de profesión. Hay gente que sea fontanero, adiestrador o payaso profesional, lo que hace es monetizar sus redes. El qué es una excusa; el cómo y el dónde es lo que paga las facturas.

La amplia mayoría, en cambio, utiliza esa influencia como un modo de alcanzar nuevas oportunidades. Funciona, sí, pero también nos carga con un nuevo trabajo, que exige inversión en tiempo, dinero y otros recursos. Y funciona, pero cada vez menos (oferta y demanda, ya sabes).

Educador canino influencer (caja de Skinner)

¿Educador canino influencer? El trecho entre impactar y generar oportunidades

No es extraño que mucha gente se esté apartando de estas dinámicas debido al esfuerzo, cada vez mayor, frente al beneficio efectivo producido.

A nivel personal, las redes cada vez aportan menos valor y más ruido: Instagram, Tiktok, son cajas de Skinner en las que los refuerzos, los castigos y la expectativa de volver a ser premiado (en forma de likes, de contenido que te sorprende, de reputación digital) siguen fomentando el tiempo de uso. ¿Y a nivel profesional? Aquí la expectativa funciona igual a menudo, con un beneficio económico (reforzador) que se han encargado de relacionar a toda mecha: presencia e ingresos. Y visibilidad no tiene por qué ser igual a dinericos, lo siento.

  • Hay cosas que no pueden monetizarse (o que cuesta mucho más: ¿cómo monetizas o generas lucro con una cuenta que promueve la solidaridad o denuncia el capacitismo en sociedad?)
  • Hay públicos que no son clientes (a la gente, le puede gustar mucho los dibujos de gatetes que haces, pero quizá muy pocos estarían dispuestos a pagar por ellos)
  • Hay perfiles que no son negocio (los perfiles personales, el perfil de tus perretes en Instagram; a no ser que hayas alcanzado 1 millón de suscriptores)

Y en esta línea: me sigues, ¿no?

(Estamos hablando de aspectos genéricos que requerirán siempre de un estudio y un análisis pormenorizado. By the way, eso también cuesta pasta y tiempo.)

Influencer - Tiempo de trabajo y efectivo

Tiempo de trabajo =/= tiempo de  efectivo

Para el emprendedor, el tiempo de trabajo efectivo (por el que te sacas el sueldo) y el de divulgación (el que te permite mejorar tu visibilidad) suelen mantenerse en una cuerda floja perenne.

Problema extra. Resulta muy complejo de analizar el retorno de esta inversión.

No me he documentado a saco, lo siento, pero te animo a observar las dinámicas de las distintas cuentas (sobre todo, en el sector canino) y cómo crees que recuperan esa inversión: resulta muy complejo, y creo que podríamos «jugarnos una pata» a que no siempre se recupera. Por esto, el pequeño emprendedor, a medida que gana visibilidad, intenta monetizar… algo: productos paquetizados para generar ingresos pasivos, su propia presencia en redes, etc. A mi modo de ver,  se va alejando más y más de su entorno de trabajo principal: en este caso, el perro, las familias, las protectoras.

Incluso hay gente (mucha, por desgracia) que se lanza sin un plan definido de captacióno de cómo estas personas interesadas pasarán por todo el proceso de compra. (¡O ni se han preguntado cuál es el proceso de sus clientes!) A menudo, me topo con profesionales que lo deciden sobre la marcha.

Como en cualquier otro sector, la gente se está actualizando a toda prisa (y se nota, sobre todo, en las cuentas más grandes), pero luego también ves cuentas con muchísimo impacto que se pierde entre material y contenido para su audiencia, que se les hace bola generar comunidad, y que no tienen ni flores de cómo mover el culillo hacia el siguiente punto o hacia una meta concreta.

¿Qué quieres que te diga? Está la cosa difícil, muy difícil. 

(1) No es casual que el tal Llados esté donde este, o a mí no me lo parece. Hablaba sobre la viralidad de ciertos mensajes, y de Llados, en mi canal secundario de YouTube.
(2) Como sujeto universal, uso aquí el masculino, pero la mujer también se autoexplota, incluso más, por desgracia.