Me he empezado a ver vídeos de un señor que vive en Suiza. ¿Y a qué viene esto? No voy a engañarte, me preocupa mi situación financiera a medio y largo plazo. A mí, y a todo dios, supongo. La realidad es que este señor parece ser que ingresa más de 8.000 euros mensuales y tiene un coste de vida similar al mío. Después, pues se monta tejemanejes para invertir en vivienda y en criptomonedas, pero eso es otra historia. porque yo de eso no tengo ni idea: yo vengo a hablarte de la precariedad del sector del animal de compañía (en España).

El burnout en veterinaria parece ser que provoca pérdidas millonarias, según la revista Animal’s Health. De esta dinámica, no se escapan ni veterinarios, ni auxiliares técnicos (ATV) y cabría agregar a muchos otros perfiles, diría. Desde etólogos a educadores caninos, que asoman por ahí la cabeza. El estudio que te comparto, además, recoge datos de EE. UU. donde cobran mejor, pese al coste de vida —sueldo medio: $110.000 por año, aunque hay empresas que pagan el doble, o el triple—. Si lo adaptas con calma al salario español, los americanos siguen ganando de calle, puesto que allí el gasto medio mensual oscila entre 1.800 y 3.500 dólares al mes.

«Una investigación ha calculado que el coste del burnout en los veterinarios es de entre 1.000 y 2.000 millones de dólares anuales en pérdidas de ingresos para la industria.» The Economic Cost of Burnout in Veterinary Medicine. Neill, C.L., Hansen, C.R. Salois, M. Front. Vet. Sci. 25 February 2022

¿Son los sueldos el problema?

El portal Talent detalla que el salario medio de un veterinario español es de 1.800 euros/mes; de un ATV, en cambio, varía en una horquilla que va del sueldo mínimo a los 1.600 euros/mes, pero según amigos y conocidos, más allá de los 1.200-1.300 €/mes es como las meigas: as meigas, habelas, hainas. Para otras profesiones, no hay datos fiables ni tan siquiera, y eso ya dice mucho: se sigue esperando una legislación adecuada y, en algunos casos, incluso educación reglada.

Si buscamos en fuentes similares (Cursos.com; Campus Training: no hay mucho más) sobre etólogos y educadores, se habla de sueldos anuales de 15.000 euros brutos/año para etólogos y de 30-40 euros brutos por hora de trabajo para un educador o adiestrador (que no es lo mismo, pero tampoco precisan: que lo que quieren es vender formación). Con las cifras sobre la mesa, queda claro que te vas a morir de hambre o que no es una visión realista (casi que mejor), porque la mayoría de estos empleos son por cuenta propia (trabajadores autónomos).

El estrés como gran enemigo

En 2010, el Reino Unido constató que los veterinarios y ATVs tenían una tasa de suicidio 3 o 4 veces superior a la media de la población británica. Según Portal Veterinaria, esto se relacionó con el estrés, cansancio emocional y burnout asociado a estos trabajos.

Las principales causas asociadas que se señalaron fueron:

  • responsabilidad de tener otras vidas a tu cargo,
  • sueldos bajos,
  • trato con clientes difíciles,
  • decisiones médicas sujetas a presupuestos,
  • mala conciliación familiar,
  • conflictos interpersonales,
  • errores médicos
  • falta de definición del puesto de trabajo

En España y en otros puntos de la Unión Europea, se ha ido un paso más allá, y se pide que el burnout se considere enfermedad profesional en el sector por lo que supone en la práctica clínica. Un primer paso para que las cosas puedan empezar a cambiar.

¿Qué ocurre con educadores y etólogos?

Hace más de siete años, Alba Benítez de Si mi perro hablara, escribía sobre la relación entre burnout y la fatiga por compasión como síndrome asociado a los cuidadores de refugios y al sector veterinario. Buena parte de las causas asociadas al estrés, cansancio emocional y burnout se empiezan a ver como problema para todo el sector, pero seguimos anclados en esta primera fase de identificación. Si resulta complejo para un veterinario, educadores caninos o trabajadores de centros de protección, lo tienen todavía peor para que se identifique y reconozca el problema.

Y luego están las vivencias de muchos etólogos o/y educadores caninos o felinos, que también deben hacer frente a la resolución de complicados problemas de comportamiento. En ocasiones, compartiendo el sufrimiento del animal y/o sus propietarios durante la terapia de modificación de conducta. […] Todos ellos son (somos) grupos de riesgo cuando hablamos de Fatiga por Compasión porque nuestra propia capacidad de compasión y empatía está en el centro mismo de la capacidad para llevar a cabo nuestro trabajo.

El sector del animal de compañía, según mi experiencia profesional

Desde 2018, estoy vinculado profesionalmente al mundo de la educación canina y la modificación de conducta: actualmente, a través de Dog Ventura. Mi visión empresarial es que existe muchísima oferta y muchísima demanda, pero los precios de los servicios no están actualizados al coste de vida actual. Asimismo, la falta de una legislación real para la mayoría de puestos al margen de la clínica veterinaria, supone un enorme mercado negro y una notable competencia desleal.

Todo ello, en suma, crea un perfecto caldo de cultivo en el que, a menudo, el sueldo solo es parte del problema, y los gastos asociados (autónomos, percepción del precio final, IVA, IRPF, seguro profesional, transporte, material…) una discusión constante que dificulta la continuidad (y profesionalización real) del empleo y la implicación de muchos clientes. En cambio, a través de mi perfil como redactor SEO, estos días escribo mucho sobre el anteproyecto de ley de protección animal. Feliz, porque llegan cambios importantísimos para el sector, pero también preocupado, porque perfiles que cada vez tienen más peso en sociedad —gracias a nuestros animales— siguen sin una regulación real, una buena legislación y dificultades diarias para, primero, formarse con garantías y, segundo, dar un buen servicio a clientes y familias.

En resumen…

Mi «yo educador canino» no quiere pensar tanto en esto, porque, a menudo, debo lidiar, a diario, con problemas para los que no tengo solución, como el burnout. Mi «yo redactor» me da, cada día que pasa, más seguridad, y eso (también) da miedo, la verdad, por lo que significa una vida dedicada al sector del animal de compañía familia. Lo que peor sabe, es que todos somos víctimas de algo así. Los profesionales, las familias y, por descontado, los pacientes. Un sector desprotegido no puede funcionar como debe ni hacer su labor correctamente; para más inri, en este caso, se trata de proteger a terceros.