Llevar al perro a la oficina se ha… ¿normalizado? Tengo clientes/as que trabajan en grandes empresas (qué sé yo: Nestlé, Royal Canin; startups de marketing, publicidad…) y han visto el cielo abierto. El perro no tiene por qué quedarse solo en casa, puede ir a la oficina. ¡Aleluya! ¡Nuestras plegarias han sido escuchadas!

Pero ¿qué opina el perro? ¿Le gusta?; ¿es necesario?

No lo leas estilo «pájaro de mal agüero», por favor.

No van por ahí los tiros. Siempre que las oficinas sean espacios dog-friendly (adaptados, de verdad, a sus necesidades), la posibilidad de pasar más tiempo con tu perro es siempre una buena noticia. Sin embargo, hay un punto importante aquí: ¿qué opina el perro?, ¿le gusta?, ¿se lo pasa bien?

No voy a hablar yo sobre si permite o no permite el buen desarrollo de la actividad profesional. Entiendo que sí, si no, no dejarían que estuviesen allí (y yo trabajo en remoto entre perros, y trabajo, así que entiendo que se puede). En cualquier caso, este no es el debate que planteo.

Llevar al perro a la oficina: pros y contras

Por muy dog-friendly que sea

La cuestión es que, a menudo, muchos perros con algún problema de conducta están expuestos al propio problema. Ese es el tema (creo). Perros inseguros a personas, con hiperapego; perros que no saben presentarse o socializar adecuadamente con hombres, o con otros perros. En estos casos, el aversivo (el estímulo que supone un problema y resulta negativo para el animal) está presente, y el perro debe lidiar con él. A veces, esto soluciona el problema; muchas otras, lo complica más.

Por lo tanto, quizá es importante preguntarnos si debemos llevar siempre al perro a un lugar, por muy  dog-friendly que sea. Y la respuesta es no, ya te contesto yo.

¿Qué valor tiene para el perro la oficina (y la rutina asociada)? Si es neutro, o positivo, para adelante: más tiempo con tu perro, mejores formas de encajar tu can en tu vida, mayor estimulación. Fenómeno.

Por el contrario, si no aporta nada bueno (no puedo dedicarle tiempo en absoluto, no puede tener contacto social; supone una carga extra incluso), ¿estás seguro de que tu perro debería estar ahí, contigo? Por esto, también es muy habitual, que estas oficinas dog-friendly se conviertan en la excusa para no trabajar un hiperapego, una ansiedad por separación, un problema concreto, o para intentar «sacarse» los paseos diarios en salidas de ida y vuelta.

No falta cuando es fuente de problemas (para el perro: yo, aquí, estoy hablando siempre del perro, y de llevar al perro a la oficina), de malas experiencias.

Llevar al perro a la oficina: cuándo no deberías

¿Buscabas problemas? ¡Pues los has encontrado!

En este caso, quizá deberíamos revisar, a fondo, cómo lo está pasando nuestro peludo. Vale la pena ponernos los «ojos caninos» y leer el entorno antes de llevar al perro a la oficina.

  • ¿Ese compañero que se acerca cada dos horas está asustando a tu perro inseguro todo el tiempo (sin querer)?
  • ¿Tu perro está «contenido» junto a tu mesa y gruñe o ladra cuando alguien levanta la voz mientras habla por teléfono?
  • ¿El can está completamente asustado y se refugia bajo la mesa de tu escritorio seis u ocho horas diarias?

Aunque pueda parecer obvio, lo diré: esas situaciones no son positivas. Esas situaciones están empeorando el pronóstico de tu perro, y van a suponer cambios (a peor) en su conducta. Quizá no hoy, pero sí cuando vea que no puede abandonar el entorno, ni hacerse entender: él no entiende que estás trabajando, entiende que estáis donde no quiere.

En conclusión, las opciones son opciones: quizá ir a trabajar no es una opción, pero sí lo es llevar a tu perro. ¿Va encantado? Fenomenal. ¿Supone un problema (para él o ella)? Piénsatelo bien. Como en cualquier relación, con cierta normalidad, vale más la pena cuidar el vínculo que estar juntos 24 horas al día.