Hace unos meses, escribí estas líneas:

Hay algo que transforma cualquier relación con perros a mejor: haz como él, céntrate en el paseo. El teléfono, en el bolsillo; si ya lo tenías guardado, dedica unos minutos al día a observar qué hace tu perro (y plantéate por qué crees que hace lo que hace); a ratos, adáptate a sus ritmos y, a otros, ayúdale (enséñale) a que él se adapte a los tuyos.

Déjale oler, y presta atención; permítele saludar a otros perros sociables, y observa, y atiende, y escucha; párate a oler las flores con él, como decía Dani Rovira en aquel famoso monólogo.

Si estás presente, puedes guiar y acompañar (responder); si tienes la nariz pegada al móvil, solo vas a poder reaccionar cuando pase algo, y ahí empiezan a aparecer problemas, y más problemas.

Un consejo sincero, y directo, para los guías y familias con perro. Pero ¿te has dado cuenta de que también sirve para cualquier proyecto que empieces? Dale importancia, pero no demasiada. Tómatelo en serio, pero sin que pase a abrumarte todo el tiempo. Adáptate, y adáptalo. Sé flexible. Y, por encima de todo, disfruta, porque en eso consiste un buen paseo; también un buen trabajo.