Hacer cosas con el corazón

Mirar atrás no debe dar miedo. Si nadie se plantea olvidar los aciertos, tampoco deberíamos tratar de esconder los errores; esconder los errores solo nos acerca la posibilidad de volver a caer en ellos.

Cae siete veces, levántate ocho.

Proverbio japonés

Hace unos días, envié una última newsletter desde el Mailchimp de Vorágine. Fue extraño, porque su función era justamente la contraria a la que había sido habitual en las listas de suscriptores de la empresa en los seis años anteriores, pero también bastante productivo, pues lo abrieron casi el 50 % de los remitentes. Tras el envío, llegaron algunas respuestas al correo.

Una de ellas decía:

¡No tenía ni idea de que ya no estabais trabajando con Vorágine! ¿Por qué habéis cerrado?

Le contesté personalmente, y le dije que por nada en especial, que así es la vida, y que habían salido otros proyectos que nos motivaban más. Le expliqué que, si necesitaba algo de lo que yo ofrecía en mi nueva etapa, que estaría encantado de ayudarle, y que, más allá de esa respuesta, no había otra posible. Quizá, tras este e-mail, lleguen otros muchos que empezarán a caer en un pozo sin fondo hasta que, antes o después, se cancelen los correos de empresa e incluso termine por perderse el dominio. Sin embargo, ¡es curioso la de veces que visito todavía ese pozo! Y es que el hoyo que se cavó y buena parte de los ladrillos que duermen en la tierra los puse con mis propias manos, por lo que no deja de ser difícil darse la vuelta y nunca más mirar atrás.

Mirar atrás no debe dar miedo: si nadie se plantea olvidar los aciertos, tampoco deberíamos tratar de esconder los errores; esconder los errores solo nos acerca la posibilidad de volver a caer en ellos. Aun así, con esta pequeña (gran) historia que ya narré aquí, y después también aquí, estoy en paz, y, por lo tanto, tiene poco sentido volver a sacar a colación lo que se hizo y no se hizo. Con contadas excepciones. Esta es una de ellas, pues, repasando las decenas de páginas con artículos que escribimos en el pasado, hay tres o cuatro, por lo menos, que conservo dentro mío por todo lo que me han enseñado.

Vamos, que tú creías que venías a leer un artículo original de pelotas y te traigo un capítulo refrito de Los Simpson, como aquel en el que hasta Snake canta, cuando Homer se queda en coma de un «cervezazo» o el homenaje a Forrest Gump. ¡Pero espera! Puede que descubras algo que te sirva…

#1. El primer balde de agua que sale del pozo

me recuerda la importancia de buscar siempre la forma de destacar y diferenciarse de la competencia. Y hay un texto que ejemplifica esta idea de un modo (casi) perfecto: ¡Aprende marketinde contenidos con videojuegos! Puede parecer extraño, o freak, pero escribir ese artículo nos trajo más clientes que varias campañas de AdWords juntas. ¿Por qué? Muy probablemente porque nadie había explicado nunca el marketing a través de videjuegos ochenteros y noventeros…

#2. El segundo tiene forma de jarro de agua fría

y muestra cómo este, y cualquier otro trabajo, es 90 % esfuerzo y perseverancia. Si hay algo que lo demuestra, son los posts cuyos enlaces me obligo a dejar en la cabeza para rápidas consultas propias y ajenas, como Trucos para escribir contenidos mucho más rápido Lecturas obligadas sobre web copywriting y marketing de contenidos. Estos dos ejemplos están en nuestro viejo blog de empresa, pero sirven para hacerse una idea del tipo de artículo que puede resultarte útil para empezar con este trabajo o reciclarte día a día frente al texto que tiene paja y poco más.

#3. El tercero, y último, es el sorbo de agua que transporta clarividencia en cada gota

y es quizá el más importante de todos, porque te muestra que tú no puedes conseguir nada sin tus clientes, o lectores, pero tampoco sin colaboradores, amigos y equipo, y eso es algo que he aprendido a poner siempre por delante. Con cariño, del pozo salen textos como Nacimiento y primeros pasos de una agencia de comunicación digitalque escribió Laura Palau , mi pareja y mayor apoyo —ahora y siempre—, recordando aciertos y errores, pero también Víctor Barranco, Suani Armisen, y tantos otros que se dedicaban, y siguen dedicando, a la redacción profesional.

Todo consiste en hacer las cosas poniéndoles corazón, y, entonces, esa magia que no siempre reconocemos en nosotros mismos despierta.

Blogger animalista, escritor y redactor digital. Escribir no es solo juntar una palabra con otra, es una forma de comprender, crear y recrear el mundo.

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