Para venderte… mejor

Algunos blogs especializados han criticado el rechazo que Torre Oria ha creado en algunos sectores más tradicionales, sin comprender la gran victoria del mismo: segmentar un público objetivo suficientemente amplio y encontrar un mercado objetivo suficiente como para seguir creciendo.

Es habitual escuchar que, cuando uno sabe de literatura, o de cine, o de cualquier otro arte u oficio, cada vez resulta más difícil encontrar cosas que le gusten. Con el marketing ocurre algo similar: hay una serie de puntos que distinguen una buena campaña de una mala campaña, o un mensaje banal, superficial o generalista de una idea única, bien elaborada y que capta la esencia de un producto o servicio.

Sin embargo, así como saber de algo tiene sus pequeños contras, también deja grandes momentos. No hace mucho, yo disfruté de uno de ellos al descubrir los «vinos de cuento» de las bodegas Torre Oria en Mercadona. Un producto con una gran relación calidad-precio, que, al igual que a muchos treintañeros y treintañeras, me cautivó por el trabajo de marketing que existe detrás de las simpáticas promesas que hacían Caperucita tinta (tinto de variedades Tempranillo y Syrah) y Blancauvas (Viura y Sauvignon Blanc). De algún modo, recordaba a aquel Monastrellísimo con la simpática etiqueta de los vampiros leperos, pero no lo era: se trataba del siguiente paso.

Detalle "Caperucita tinta"

Detalle de la cápsula de una botella de Caperucita tinta

La gran diferencia entre el Monastrellísimo y los tres vinos de cuento de Torre Oria —si obviamos el cambio en sus respectivos precios— es el salto de una pequeña prueba (parcialmente arriesgada, debo añadir) a una campaña de marketing integral que algunas bodegas, como Torre Oria, han dado en estos últimos años, ofreciendo un producto que abre la puerta a un target joven que se adentra en el mercado en busca de un buen vino de mesa, y que ha conseguido llevar su obra a uno de los grandes templos de la alimentación del país: Mercadona.

Érase una vez… un vino suave que se elaboró con las mejores uvas Syrah y Tempranillo del País de Torre Oria. Debido a su juventud y maceración en madera se recomienda acompañar con arroces, carnes, pescados y quesos… para beberse mejor.

Etiqueta de Caperucita tinta.

Algunos blogs especializados han criticado el rechazo que Torre Oria ha creado en sectores más tradicionales, sin comprender la gran victoria del mismo: segmentar un público objetivo suficientemente amplio y encontrar un mercado objetivo suficiente donde seguir creciendo: claro que mi madre, que lo mínimo (y me quedo corto) a lo que aspira en su mesa es a un Cune o a un Marqués de Cáceres, no comprará un tinto de Torre Oria, pero sí lo hará un público más joven, de menor poder adquisitivo, que ha crecido con Caperucita roja y el lobo. Y ese mercado es el que puede crecer a medio plazo, y no el otro. Por el contrario, creer que un vino, o cualquier otro producto, tiene un público potencial enorme, es saber muy poco de localización del producto, y del target que queremos alcanzar, y que podemos seguir ampliando —con un esfuerzo conceptual mucho menor, ¡porque ya hemos visto que la estrategia funcionaba!— a través de una serie de productos que beben del imaginario popular hacia otros caldos que la bodega permita. Es la diferencia entre el volumen de mercado y el público potencial (mercado real) que tiene nuestro producto y cómo alcanzarlo a través de una buyer persona bien trabajada. ¿Seguirán creciendo en oferta o tratarán de no saturar el mercado? Esa ya es otra historia.

Alicia en el País de las uvas

Alicia en el País de las uvas es… la tercera propuesta de los vinos de cuento de Torre Oria, pero no parece haber cosechado el mismo éxito que los anteriores.

Como apasionado, que no buen catador de vinos tintos, creo que parte del éxito de Caperucita tinta llega de la mezcla Syrah-Tempranillo, que no es tan habitual en vinos de bajo coste y que ha despertado muchas pasiones tanto entre aquellos que teníamos que irnos camino a los diez euros por botella como por los que suelen centrarse en el vino de mesa y apenas habían probado esta variedad de uva. Y aquí radica el punto imprescindible de ambos productos, supongo, y es que el marketing capta, y los vinos no decepcionan, lo que resulta imprescindible tras la compra de la primera botella, ¿o no?


El graffiti es de  Urban Cake Lady y se encuentra en Melbourne (Australia).

Blogger animalista, escritor y redactor digital. Escribir no es solo juntar una palabra con otra, es una forma de comprender, crear y recrear el mundo.

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